Todos tenemos nuestra historia personal llena de recuerdos; algunos recuerdos te hacen sonreír y otros, sin embargo, te entristecen.

Puede que no seas como yo, o tal vez sí; puede que recuerdes haberte sentido invisible en algún momento de tu vida o que te sientas invisible ahora.

En mi caso, a pesar de haber sido una niña responsable, obediente, cuidadora de mis hermanos, que amaba la música, la lectura y ayudar y escuchar a otros por si en algún momento alguien me escuchaba a mí, tenía una máxima en mi vida: “haz a los demás lo que quieres que hagan contigo”. Pero, como decía, a pesar de haber sido una “hija modelo”, yo era invisible en mi familia.

No digo que no me quisieran, pero no me preguntaban ni escuchaban porque yo no daba problemas y estaban centrados en la educación del único varón, mi hermano, y en la pequeña “piquito de oro”, mi hermana, a los que, conste, quiero con locura.

En el colegio también me sentía invisible; yo vivía lejos de mis compañeras de clase, en otro barrio, y por alguna razón nadie me invitaba a los cumpleaños.

Pero en un momento de mi adolescencia descubrí que Dios me ve.

Hoy en día parece raro llegar a pensar en algo así sin más, pero a los de mi generación nos enseñaron, desde pequeños, la existencia de Dios, por lo que, ante este sentimiento de ser invisible, con 14 años pasaba los recreos en la capilla del colegio para que, al “rezarle”, Él me mirara. Por fin me sentía mirada y observada por alguien; sentía que a alguien le importaba.

Una serie de situaciones y encuentros con personas que sabían más que yo acerca de ese “Dios que me ve” me han llevado a la mejor experiencia, realidad y vivencia de mi vida: conocer de manera personal al Dios que me ve y saber que un día le veré yo cara a cara.

Descubrí que la Biblia son las palabras de Dios para mí (y para ti) y ahí encontré “perlas” como:

“Antes que te formase en el vientre de tu madre, te conocí” Jeremías 1:5 RV60

“No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos” Salmo 139:15-16 DHH

Dios me ve desde mi principio.

“Los ojos de Dios están sobre los justos y atentos sus oídos al clamor de ellos” Salmo 34:15

“Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos” Salmo 139:2 RV60

Dios me ve en cada momento de mi vida.

“La comunión íntima de Dios es con los que le temen (no miedo, sino profundo respeto y honra)” Salmo 25:14 RV60

El Dios que me ve quiere una relación personal conmigo… y contigo.

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