Hace unos días en mi devocional personal leía el capítulo cuatro de Juan, el encuentro con la mujer samaritana. Y me paraba sobre todo a reflexionar en los versículos del 31 al 34, vamos a leerlos juntos. En este tiempo Jesús me ha hablado sin lugar a dudas acerca de hacer su voluntad.

En este pasaje los discípulos se preocupan por la comida, pero Jesús les revela una verdad espiritual más profunda, es verdad que habían hecho un largo trayecto hasta Samaria, y mientras Jesús tuvo este encuentro con la mujer samaritana los discípulos habían ido a por comida. La realidad es que Jesús, necesitaba beber y necesitaba comer, los discípulos tenían una lógica correcta, pero limitada.

En este mismo capitulo, Jesús había mencionado estas palabras que tanto conocemos “me es necesario pasar por Samaria” (Juan 4:1), su necesidad no era pasar por Samaria para beber agua, sino para atender un alma, entendemos pues que la satisfacción de Jesús y aquello que lo había alimentado, había sido ver el alma de la mujer samaritana llena. 

En el mundo bíblico la comida es fuente de vida, energía es satisfacción, Jesús cuando dice “mi comida es…” está diciendo: “Lo que me da vida, lo que me sostiene, lo que me satisface profundamente es cumplir la voluntad del Padre”. Cuando una vida es tocada el alma se llena, aunque el cuerpo este cansado.

Sabes, no siempre, la voluntad de Dios nos parece buena, agradable y menos perfecta. No la recibimos así es nuestras vidas porque:

  • La voluntad de Dios a veces contradice lo que queremos: Lo bueno agradable y perfecto, no siempre coincide con lo cómodo, rápido y deseado. Queremos respuestas inmediatas, pero Dios trabaja en procesos. Queremos alivio, pero Dios forma carácter.
  • Juzgamos la voluntad de Dios, y casi siempre lo hacemos desde el dolor: Cuando hay pérdida, espera, silencio y frustración, nuestro corazón interpreta la voluntad de Dios a través del sufrimiento, no de la fe. Jesús dijo “Si es posible pase de mi esta copa… (…) pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” La voluntad del Padre dolió, pero salvó.
  • La verdad es la siguiente, la voluntad de Dios en el presente suele verse muy oscura, nublado, llámalo como quieras, pero se entiende mejor después. Lo que hoy parece injusto, duro y confuso, mañana se entiende como protección, dirección y formación en la vida de quien permanece en su voluntad. La fe camina antes de comprender.

Querido lector, déjame decirte que no nos alimenta el resultado, sino saber que estamos donde Dios quiere que estemos. La voluntad de Dios no siempre se siente buena, agradable y perfecta en el momento, pero siempre lo es en su propósito. La fe no consiste en entenderla primero, sino en confiar incluso cuando duele.

Quiero analizar contigo este versículo, Romanos 12:2 dice “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Antes de comprobar, ante de llegar a conocer la voluntad de Dios, debemos de ser transformados. Y esto es clave, porque mientras pensemos como el mundo, la voluntad de Dios, nos parecerá ilógica o dura. La voluntad de Dios se ve clara con una mente renovada, no con una mente carnal.

Dios no necesita ajustar su voluntad a nosotros. Somos nosotros los que necesitamos ser transformados para percibirla como realmente es. O sea, objetivamente la voluntad de Dios es buena agradable y perfecta, pero subjetivamente la percibimos según la condición de nuestra mente.

Una mente no renovada interpreta mal a Dios, y no sólo eso, cuando nos dejamos influenciar por lo que debería de haber sido y no lo es, por nuestros propios deseos, también llegamos a interpretar mal a Dios. Porque la obediencia parece una pérdida, la renuncia parece castigo, y el proceso parece abandono. La mente renovada ayuda a cambiar la experiencia que estamos teniendo, no el camino. 

Por eso Pablo comienza con esta renovación de la mente, porque la fe primero se pierde en la mente (duda, temor, queja, amargura) y no es las circunstancias, es decir, primero nacen los pensamientos. Renovar la mente es aprender a pensar con la verdad de Dios cuando lo que nos rodea grita lo contrario. Recuerda en el día de hoy que “Mi comida no es hacer lo que me gusta”, “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió”. 

Jesús dice en Juan 4:34  “haga” y “acabe”, para hacer su voluntad tiene que a ver obediencia “hacer” y perseverancia “acabar”. No nos podemos permitir obedecer a medias, hay gente que empieza bien, obedece un tiempo y abandona cuando duele, pero Jesús nos enseña que la verdadera plenitud no está sólo en obedecer, sino en permanecer fieles hasta cumplir el propósito. Al hacerla, comenzamos a caminar en su voluntad, pero al acabarla, descubrimos y comprobamos que era buena, agradable y perfecta. 

Entonces, ¿Estoy dispuesto a hacer la voluntad de Dios? Seguramente me digas que sí, pero te hago otra pregunta, ¿Estoy dispuesta a acabar lo que Él empezó en mí?

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